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La magia de las mamás
Desde siempre, desde la noche de los tiempos, ha existido
la magia de las mamás. Sólo hace falta recordarnos a nosotros mismos, de niños; cuando nuestras expediciones terminaban en herida, ella siempre estaba ahí, con el “ Sanita, sana…” que hacía más que la Mercromina. También estaba cuando algo salía mal, para dar un abrazo; o cuando venía el  disgusto, y nos daba un beso.
Y es sólo eso: un conjuro, un beso, un abrazo; un contacto que lo cura todo. La magia de las mamás.
Y esto ahora que lo recordamos, cuando hace generaciones que los “cazadores de magia” decidieron acabar con ellas, y sólo quedan estos vestigios, pocos, de toda la magia de las mujeres que se convierten en madres.
La evolución, las conquistas sociales, la lucha por la igualdad, ha ido terminando con esa magia; todo el maremágnum en el que se ha convertido la vida diaria de las personas, de las mujeres que queremos realizarnos, ser madres, esposas y personas de éxito en el mundo laboral; la llegada de las “superwomen” ha acabado con la esencia, con la sabiduría y la capacidad femenina para terminar con los problemas, para ver hasta con el cogote y saber, con una sola mirada, si las cosas van bien o mal. Y el caso es que la sociedad entera alaba a las superwomen y denosta a las magas.
Y cuando las elogian o las admiran, lo hacen por las razones equivocadas.
Hace poco una mamá amiga, de esas “ superwomen”, me dijo que yo er  a una súper mamá.
Lo curioso es que no me lo dijo por ninguno de los motivos por los que yo veo súper mamás.
No me lo dijo por criar a dos niñas de alta demanda con toda la paciencia de la que soy capaz para no perder los nervios cada dos por tres.
Tampoco me lo dijo por intentar inventarme un trabajo que me permita estar con ellas.
Ni por hacer malabares con un sueldo de risa para que no les falte de nada ni se enteren de los malabares.
No me lo dijo por estar sin dormir cuando se juntan las dos una de "esas" noches. Ni por comer la última y de pie porque no son capaces de estarse quietecitas ni cinco minutos. Ni siquiera por lo loca que se me pone la cabeza de las veces que tengo que oír "mamá ven" a lo largo del día. O por tener a la mayor con una pierna en cabestrillo durante tres semanas enseñándola yo en casa para que no pierda clase, y preparándola una fiesta de Carnaval con toda la chiquillería para que no se deprima.
Me  dijo que soy una súper mamá, porque a la peque la llevo siempre encima, en los portabebés, y porque, con más de dos años le sigo dando teta.
Ya ves, por las cosas que me hacen la vida más fácil, es por lo que los demás me ven como una súper mamá.
Pero esto no viene de ahora.
Hace siglos que se nos convenció de la malignidad del parto, de la necesidad de medicalizarlo, de las bondades del no sentir frente al sentir; y con eso empezó el final de la magia.
Sólo han hecho falta un par de generaciones para terminar con toda la sabiduría que a lo largo de la historia de la humanidad (que es la historia de las madres y los hijos) las mujeres han ido recopilando para la supervivencia y mejora de la especie. En aras de un mejor nivel de vida, de una igualdad que parece que nunca alcanzamos, porque, no nos engañemos, siempre vamos un paso por detrás de los hombres, por mucho que intentemos correr; con la excusa de la racionalización de la vida, de la injerencia de expertos en todas las facetas de la existencia humana, has  ta en los aspectos más íntimos, se ha ido terminando con la visceralidad, con el contacto físico, con lo más animal e instintivo de nuestras vidas.
Parece que nos fastidia aquello de “ser dominadas por las hormonas”, y debemos hacer lo contrario a lo que nuestra naturaleza dicta, y así nos va.
Y habrá quien diga que esta postura es retrógrada, que con todo lo que hemos conseguido las mujeres, lo que falta es que venga una y diga que donde deberíamos estar es en casa con los niños. Y no.
Deberíamos retomar la evolución social que se inició hace dos siglos, porque lo que está claro es que tal y como estamos ahora poco hemos mejorado.
De lo que nos deberíamos haber dado cuenta cuando todo empezó es, precisamente, de la magia, el poder de las madres.
Y es que, hace 200 años, las encargadas de la educación de los niños eran las madres; las mujeres éramos quienes estábamos en casa, cuidando de los niños que estaban en la teta durante años y confiaban en ellas. Y en lugar de aprovechar la situación, la sociedad nos dice que lo que debemos h  acer es abandonar la casa, trabajar al mismo nivel de los hombres, competir con ellos en eficiencia, pero cobrando menos, claro, que para todos no hay. Y para que no notemos esa llamada hormonal que nos dice que a los hijos no se les deja solos, ya nos ponen a parir (con perdón) en un entorno estéril, libre de emociones; y nos dicen que donde mejor están nuestros hijos recién nacidos es en una cuna de calor, lejos de nosotras; y nos convencen de que, además, han nacido para fastidiarnos; y nos dan claros datos médicos y psicológicos que demuestran que los niños deben aprender a vivir solos desde que nacen para ser más felices cuando sean adultos.
De esta manera, cuando apenas unas semanas más tarde nos vayamos a nuestro trabajo en el que tenemos que demostrar lo mucho que valemos y que somos mejores que los hombres, echando más horas por menos dinero, no nos sentiremos culpables y sentiremos mucho menos el vacío que deja un bebé en el alma de una madre.
Y entonces, cuando ese bebé ya tiene edad de ir al parque y se lastima, ya no recordamos el conjuro, le damos Trombocid. Y cuando nuestros hijos sufran una decepción, o  tengan un disgusto, o les acosen en el cole, o sean ellos los acosadores, se consolarán solos, porque nuestro pecho, nuestras manos y nuestras voces ya no hacen mella en ellos. Y desaparecerán los ojos de nuestros cogotes. Y luego nos quejamos; y nos preguntamos qué pasa con nuestros niños.
Todo esto es lo que reivindico en estas páginas, todavía no sé si pocas o muchas.
Reivindico el derecho de las mujeres a volver al principio para hacerlo bien; su derecho a recuperar su magia, porque sin magia no se puede vivir y las sociedades se destruyen; su derecho a recuperar su vida para darse cuenta del poder de las madres, del poder sobrehumano de las mujeres: dar la vida y mantenerla.
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16 de noviembre de 2009 (15:18)
Duro artículo, duro porque nos desmonta todo o parte de las conquistas que hemos logrado. No puedo defender que a una niña se la obligue a no estudiar, a no formarse y a coser calcetines y preparar comidas, no puedo estar de acuerdo con ello. Defiendo firmemente la igualdad de derechos de todo el mundo a decidir, hombres y mujeres, y defiendo que cuanto mejor formados y educados más libres serán para hacerlo.
Antiguamente esto no era posible, la mujer, sí o sí tenía que quedarse en casa, no por elección, no porque se lo mandasen sus hormonas, no porque lo considerasen lo mejor, era por imposición, contra eso sí hay que luchar, nadie puede ser esclavo, en este caso esclava de nadie.
Por otro lado, al igual que defiendo este derecho, defiendo el derecho de las madres por elegir quedarse en casa cuidando de sus hijos, defiendo que es la mejor forma de crianza, que un niño necesita a su madre sobre todo, sí, vale, está la figura del padre, por supuesto, pero lo siento, madre no hay más que una, es algo meramente natural.
Me contradigo?, yo creo que no, esta sociedad es cierto está enfocada a deshumanizar las relaciones, pero no sólo las de madre e hijo, si no creo que todas, a buscar placer por el mero placer, a no ver más allá, a ser egoístas y pensar en uno mismo, y así las sociedades se destruyen. La situación económica nos obliga a trabajar, y no sólo ella, si no cumples tus expectativas te ven como alguien retrógrado como bien has dicho, y pienso que eso tampoco es así, hay quien elige centrarse en la educación de unos niños pues ellos son el futuro. Qué respeto se les puede exigir a unos niños o adolescentes que se han criado solos?, que no saben lo que es la empatía, que conocen a sus padres como esas personas que de vez en cuando viven en sus casas..., esto es triste y es un problema cada vez más evidente en la sociedad. Qué empatía voy a encontrar en un niño que desde la cuna se le ha enseñado que si llora ha de consolarse solo, porque la persona que más le quiere en el mundo no va a consolarle. O que cuando tiene un berrinche no le hace caso porque sería mal-criarlo, o tantos y tantos ejemplos de los que está llena la psicología infantil actual..., donde esté un buen cuento, la mano de mamá para dormir, el abrazo, las conversaciones, los cuentos..., que se quite lo demás, no es tan difícil, es simplemente amor.
Remedio para compatibilizar trabajo y crianza?, pues debería buscarse, desde luego.
Con respecto a los partos, yo soy de las cobardes, de las que no soporta el dolor, de las que dice sí a la epidural y la pide por favor, de las que si no tuviese cerca un médico tendría un ataque de pánico..., que respeto mucho otras decisiones, pero yo, soy demasiado cobarde para sentir de verdad un parto y exponerme a las posibles complicaciones.
Saludos!
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Anonimo
16 de noviembre de 2009 (17:21)
Yo no puedo estar más de acuerdo contigo :) si yo hubiera escrito el artículo, no lo habría dicho mejor.
Lilian, a mi me parece duro, pero porque es la verdad a la cara. Esto es lo que se está haciendo con nuestros hijos, lo que nosotros estamos haciendo. A mí no me parece que desmonte las conquistas que hemos logrado, puesto que no veo donde dice que la mujer no deba estudiar, formarse, o que con saber coser y cocinar es suficiente. Yo soy otra madre a tiempo total que cocina, cose, friega, cuida de su bebé... porque quiere. Soy licenciada universitaria. He trabajado siempre fuera de casa (también), y por supuesto, no descarto volver a hacerlo algún día. Pero he elegido libremente quedarme con mi hijo hasta que consideremos que es necesario (o hasta que nos pueda la necesidad, lo que venga primero...). No creo que en el artículo se diga que para ser buena madre haga falta ser analfabeta y dependiente (aunque, incluso en semejantes situaciones, muchas mujeres hayan sido madres excelentes).
Yo no creo que una cosa sea incompatible con la otra (ser madre y estar formada y ejercer en el mundo público); lo que quizá no es posible es hacerlo todo al mismo tiempo. Como dice el refrán, 'No se puede estar a misa y repicando campanas'. Y lo hacemos, pero a costa de no estar al 100% ni en misa, ni repicando campanas. Una mujer con un bebé de semanas no puede estar al 100% en su trabajo como si nada, y con una jornada de 8 horas (por decir algo), tampoco estará al 100% con su bebé. Nos empeñamos, este es el tiempo en el que vivimos, hay que volver a ser 'productivas' cuanto antes, lo del parto pasó ya hace mucho, hay que olvidarlo y volver a la 'vida real'. Nos podemos empeñar lo que queramos, pero nuestra naturaleza no funciona así. Vamos a contracorriente. Y lo pagamos todos. Pero nuestros hijos son es eslabón más débil de la cadena.
Ahora está de moda poner a la juventud de vuelta y media porque son unos maleducados y no tienen valores... habrá que preguntarse por qué. Y el por qué es muy sencillo: cuando necesitaron que alguien los educara y les diera valores había escolarización (desde edad X), nannies, o la llave de su casa para que vayan entrando y esperen a que llegue alguien. Podemos echarle la culpa a la tele, a los videojuegos violentos, a lo que queramos... lo que sea, que sea otro. Pero en el fondo, nuestra conciencia nos susurra la verdad. Lo malo es que escuece como vinagre en herida abierta.
Y con respecto a los partos... también somos hijas de nuestro tiempo. Tenemos miedo porque alguien nos lo ha inculcado. Pero podemos estar tranquilas,que tenemos quien nos salve... cuando el embarazo y el parto eran cosas sólo de mujeres, me parece que no eran tan miedosas como nosotras. Yo también me eché en brazos de un parto convencional, no fui lo suficientemente valiente para tomar las riendas. Decidí activamente hacerme la ingenua, pensar 'bueno, hay que probar, igual no me va tan mal'. No hay ninguna duda de que la ingenuidad se paga.
Mi mirada positiva, sin embargo, me dice que poco a poco, cada vez más mujeres (y hombres)'despiertan' y ser rebelan. La magia de las mamás seguirá, y volverá renovada.
Un abrazo :)
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16 de noviembre de 2009 (20:46)
Tienes razón, ella no dice en ningún sitio que a la mujer haya que obligarla a no estudiar, ni a formarse, ni a quedarse en casa, ya lo se.
Pero nuestras madres, o abuelas no tuvieron opción,, puede que no viniese a cuento con lo que ella dice, pero sin querer me vino a la cabeza esa idea, de las mujeres de hace 200 años, se revelaron porque era injusto, injusto que no las tratasen como a personas libres, libres de decidir.
Tal vez haga falta otra revolución, no lo discuto, de hecho estoy de acuerdo. Que no se sancione a la madre que decide aparcar su trabajo para cuidar de su hijo, que la sociedad no la señale y que pasado un tiempo sea posible su reincorporación a la vida laboral, pero eso es casi utópico, parece que el retiro voluntario está penado, no todos los empresarios están dispuestos a contratar a alguien de cierta edad retirada del mundo profesional durante un tiempo, y no se dan cuenta que es cuando más centradas y responsables estamos...
Yo sí creo que es posible ir a misa y repicar, reivindico mi derecho a ello!, jaja!, en serio, con una buena conciliación de la vida familiar y laboral sería posible, en los países nórdicos las madres pueden ejercer como tales y trabajar, con unas facilidades increíbles. Para empezar los horarios de escolarización y de trabajos son tan distintos que ya de entrada hay una clara incompatibilidad. A la mujer que trabaja le dan 100 euros mensuales, por qué negarle esa paga u otra a la mujer que decide criar a sus hijos en casa renunciando a un sueldo?, por qué no aportan esa ayuda y que cada cual la gestione como quiera? De todas formas creo yo, y puede que me salga del hilo, que hay que diferenciar, entre trabajar o no hacerlo, y la crianza con apego, no siempre van ligados el estar en casa al cuidado de los hijos y criar al niño desde el apego. Las teorías actuales, o no tan actuales, de hacer a los niños independientes prácticamente de la cuna, pueden ir ligadas o no al hecho de que una mamá trabaje fuera. Yo creo que estas filosofías responden más a la forma de ser anglosajona, en las que las relaciones padres-hijos son frías, pero nosotros, los latinos, no somos así, por lo menos culturalmente, si educas a un niño para que se las ventile solo, cuando sea mayor, evidentemente el apego de cara a sus padres será mínimo, vemos, por las pelis que en muchos casos los hijos sólo ven a sus padres en Navidades o ni eso..., de verdad es lo que queremos al educar a nuestros hijos así?
En cuanto a el problema de los jóvenes, la falta total de principios, etc, etc, coincido plenamente contigo.
Saludos!
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Anonimo
17 de noviembre de 2009 (12:25)
Jo, Lilian :)
cuando ayer leí tu siguiente aportación, me alegré mucho. Porque tuve la agradable sensación que se pueden ver las cosas desde perspectivas diferentes (que no opuestas :)) y enriquecerse con el debate.
Fíjate, yo también estoy absolutamente de acuerdo contigo en que la VERDADERA conciliación familiar y laboral (para mí la familia siempre primero) sería la solución ideal. Una situación, como tú dices, como la que hay en algunos paises más al norte es algo que tendríamos que intentar imitar (adaptando a nuestra cultura, claro). Yo también veo utópico que las mujeres no seamos sancionadas por decidir alejarnos de nuestra profesión un tiempo, y que nos permitan volver. De hecho, he aceptado que eso será así también en mi caso. Pero aún así, es mi elección. Pero también veo utópico que llegue esa situación ideal de conciliación :) no veo cuándo eso va a poder suceder en España. Para mi tiempo como madre lo descarto, no sé si algún día lo veré con mis nietos. Y mi pregunta es, entre tanto llega(conseguimos!) esa situación ideal, qué hacemos? Qué hacemos con nuestros hijos AHORA hasta que llegue ese momento?
También estoy muy de acuerdo en tu acertada puntualización de que no es lo mismo dejar de trabajar para quedarse con los hijos que la crianza con apego. Hay muchas madres que no trabajan y pasan de sus hijos 3 kilos, y madres que pasan un montón de horas fuera de su casa y cuando llegan sólo se vuelcan en ellos. El estilo de crianza no depende sólo de las decisiones profesionales de los padres.
Me alegro de que La Teta nos haya dado la oportunidad de intercambiar estas impresiones :)
Otro abrazo!
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Anonimo
11 de diciembre de 2009 (01:19)
Me parece excelente tu artículo... opino exactamente igual que tú! Gracias por compartirlo :) Creo que la única manera de "mejorar el mundo" es volviendo a lo verdaderamente importante, a la magia, como tú le llamas.
Yo tuve un parto (natural) normal, realmente normal (no lo que los gineco-obstetras llaman normal: oxitocina+epidural+episio), respetado, sin medicación, sin agobios, sin epi, sin episio, porque quería SENTIR mi parto, y fue lo mejor del mundo!
Ahora crío a mi hijo de manera natural, instintiva, con 18 meses sigue tomando teta a demanda. Está todo el día en casa conmigo, también he buscado medios alternativos para ganar dinero y no dejarlo en una guardería (cosa que me parece atroz antes de los 3 años, y probablemente la causa de tantos niños "desviados" de lo ideal... adolescentes en drogas, sin metas en la vida, etc.).
En cuanto a crianza, a pesar de tener al padre de mi hijo en contra de la crianza con apego, hago las cosas como mejor me parece, de corazón, como mujer, según mis instintos y mi intuición, pero recibo MUCHAS críticas, de mucha gente, o alguna mala mirada...
Me da igual, si uno no de da su lugar, nadie se lo va a dar. Uno debe ser firme en sus convicciones, sólo así los demás aprenderán a respetar nuestra posición, y tal vez reconsiderarán la suya, y se darán cuenta de por qué hacemos las cosas de ésta manera con nuestros hijos.
Con respecto a la independencia del niño desde que nace, es algo totalmente absurdo. Yo creo que el niño al saciarse, actúa en consecuencia; es decir: al igual que suelta la teta cuando se satisface, o se duerme profundamente, de igual manera se "independiza" cuando se sacia de estar pegadito de mami... Vale la pena recalcar que cuando el niño se independiza porque se ha saciado, como por ejemplo ocurre en el destete espontáneo, es un niño que ha madurado un proceso, que ha llegado a otra etapa, que ha crecido, que ha tenido un logro, a quien se le ha respetado sus necesidades y su ritmo biológico, psicológico y emocional! ESE niño (no sólo en el destete, sino cuando se le han respetado siempre sus ritmos), será sin duda alguna un adulto sano, feliz, equilibrado emocionalmente y unido a su madre...:)
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Anonimo
13 de enero de 2010 (09:55)
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La magia de las mamás
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